viernes, 12 de octubre de 2007

Ser digno de ser



¡Maldito sea el momento en que decidí pasar el resto de mi vida con él! Es que en verdad hace diez años cuando lo conocí, era el mejor trapecista chino del momento... y yo justamente lo conocía gracias a su gran destreza y concentración arriba de aquellas tensas y angostas cuerdas, que parecían indestructibles... Pero algo falló, y fue justamente aquella maldita cuerda impregnada de óxido la que hizo que Guan Zse cayera al piso impactando su espalda contra la arena...
Ahhhhh pobre infeliz, si lo vieran devorar, sí devorar, pues ya no come, devora cual fiera voraz. No le importan ya las tradiciones, nuestras costumbres, nada... Ha cambiado sus palillos por sus manos que parecen transformarse en enormes garras vacías de toda delicadeza. Y es que el accidente pareciera haberlo inhabilitado de por vida...
El pobre ha huido de sus cabales. Todo es amorfo y desequilibrado en Guan: los estruendosos estallidos que produce por la mañana con las bolsas, sus desgarradores alaridos por las tardes, o sus espásticos movimientos al deslizarse por el suelo durante las noches. Balbucea sin distinguir división alguna entre palabra y palabra... entona extensos e incomprensibles parlamentos, dignos de nadie.
Mis caricias parecen no alcanzarle, contrariamente lo alteran aún más. Cualquier pequeñez vale para dejar fluir sus cúmulos de ira. Temeraria ira. Y prosigue así con sus balbuceos gritando a los vientos desaforadamente; completamente fuera de sí.
Lo único que logra doblegar su ira y apaciguar su ánimo es cierta música occidental sin sentido, monótona y aburrida. Un grupo llamado “Los Escarabajos” son los dueños de su paz...

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