Intrépida Germania
Terminé de empacar y me dispuse a emprender mi gran aventura: las rutas de aquella antigua nación, Alemania. Mochila al hombro y a la terminal a elegir destino.
El primer y único pueblo en darme la bienvenida fue Merlperts. Un pequeño condado ubicado justo en el centro de la región de Hessen a unos cien kilómetros de la ciudad de Frankfurt, cuna del ilustre Johann Wolfgang von Goethe. En aquel pueblo me esperaba Florian un viejo cliente y amigo de mi padre. Él sería quien me pasearía por aquella miniatura urbana, a la que sus novecientos habitantes llamaban ciudad. Mi estancia en casa de Florian duró tres semanas, debido a las intensas tormentas de nieve que provocaban la anegación de las rutas. Aquellos serían los primeros días de un invierno devastador para mí...
Como buen anfitrión Florian me paseó por los lugares más típicos de aquella “ciudad”, primero fue la iglesia, luego la municipalidad y el único museo dedicado a los grandes inventos y personalidades de Merlperts... y por último el famoso patio cervecero que en los primeros días de octubre inundaba el aire de la mejor cerveza del país, según decían los lugareños. Entre inventos, religión y cerveza transcurrió la primera semana en aquella monstruosa miniatura urbana.
Los días transcurrían lentos y el invierno cada vez se hacía más encarnizado. Tal era el frío y la cantidad de nieve que nos era imposible salir de la casa, así fue que acorralados por el blanco, pasamos las dos últimas semanas al calor del fuego.
Sin saberlo me adentraba en mi último día... Aquel hombre que días antes me había recibido sería el mismo que tiempo después no se despidiera...
El clima comenzaba a impacientarme, ni una gota de sol podía filtrarse por entre el espeso gris de las nubes. Esa mañana me levanté con enorme energía e iniciativa, lo sabía ya no quería estar allí, ya no podía estar allí, tenía la certeza de que en otro lugar y tiempo me esperaban grandes acontecimientos... Entonces me dispuse a salir de aquella “cueva” como fuese... Florian ya no estaba,... pero la nieve se hacía presente en cada espacio. Las puertas estaban cerradas, colmadas de nieve, las ventanas parecían no soportar la presión de aquellas espesas pompas de frío. Me encontraba bajo toneladas de nieve. Ya nada me impacientaba, había resuelto como salir de allí...
Ahora entre el cielo y la tierra, Virgilio me esperaba y con él otro arduo camino por recorrer...
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