domingo, 15 de julio de 2007

Relato





Baco, barca y un barco a la imaginación.

Un momento de distracción y mi barco comenzó a tomar rumbo inesperado. En el interior Ana me llamaba: “ La cena está lista”. Yo no podía creerlo, iba a comer... por dentro los retorcijones del hambre comenzaban a menguar y por el contrario la alegría y la ansiedad parecían adueñarse de todo mi ser... Sentado a la mesa y esgrimiendo una sonrisa casi desesperada, Ana me autorizó a que comiera. Probé bocado y no sé si fue el hambre o la ansiedad, pero me sentí volver a nacer. Esa textura tan suave de color verde, un tanto húmeda y muy bien condimentada, me hacía comenzar a dudar que Baco se hiciera presente allí. En aquel estado de embriaguez, le pregunté a Ana por aquel delicioso y tan extraño plato. Ella me dijo que era “cola de rana”, una receta de barca de su abuela... a lo que yo respondí incrédulamente con un coro de carcajadas. Me miró de manera desafiante. Acercó la pava y el mate hacia ella, cebó uno y se lo tomó... de repente percibí en el ambiente algo muy extraño: todo comenzaba a moverse y una cosa se transformaba para dar paso a la que se encontraba al lado, de esta manera observé aterrado que la cabeza de aquella mujer comenzaba a rodar al mejor estilo balón pie. Buscando respuestas salí del interior del barco, pero todo seguía igual, el cielo se hizo mar y el mar viento... y en la inmensidad de aquel encantador cielo escuché un chillido que parecía venir del mástil, efectivamente levanté la mirada y hallé un alce incrustado por los cuernos en aquel mástil.
El viaje había sido largo, pero por fin la ciudad que vería nacer a Gaudí dejaba entrever su paisaje urbano. La rambla y el predio donde años más tarde se construiría la Sagrada Familia nos daban la bienvenida a mí y a mi más amiga en todos mis viajes... Barcelona ya era un hecho...

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